
Profunda voz de órgano
El libro de Ignacio Solares me ha hecho sentir cuán vivo está Cortázar entre nosotros.Al leerlo he revivido, como una imagen atemporal, aquel viaje que hice a Praga por última vez en el histórico año de 1968, con Carlos Fuentes y Julio. Viajábamos en tren desde París porque los tres éramos solidarios en nuestro miedo al avión, y habíamos hablado de todo mientras atravesábamos la noche dividida de las Alemanias, sus océanos de remolacha, sus inmensas fábricas de todo, sus estragos de guerras atroces y amores desaforados.
Enmedio de tanta sangre, desánimo y malas noticias económicas, un remanso literario.
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